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EN NUESTRAS CASAS NO SE PREGUNTARÁ A NADIE SI TIENE UN NOMBRE. SÓLO SI TIENE UN DOLOR.Julio 14
Entre las muchas imágenes de la Selección Española y sus gestos de equipo como una piña, los goles, el beso de Casillas, el pulpo Paul... y tantas otras, nosotros nos quedamos con la presencia y alegría de Álvaro Del Bosque, hijo del seleccionador. Conocimos a Álvaro hace un par de años... Por mayo de 2008 nos hicieron una visita los alumnos del Centro de Educación Especial del Colegio María Corredentora de Madrid donde trabajan nuestros amigos Manolo Mez. Mauleón y su mujer Mirem. Entre los alumnos que venían de excursión por Asturias estaba Álvaro Del Bosque que estos días ha cobrado notoriedad por haber cumplido su sueño de estar en el autobús que se paseó por Madrid con la selección. Como nos hemos acordado de él y teníamos unas fotos de cuando pasó por aquí hace un par de años os las mostramos a la vez que felicitamos a todos por ser CAMPEONES DEL MUNDO. Os pegamos también aquí algunos comentarios interesantes que se han hecho de la presencia de Álvaro en ese grupo y una carta de Andrés Aberasturi.Álvaro! Qué alegría me ha dado verte en el bus de los campeones del Mundial de fútbol. Tu presencia entre los futbolistas me ha emocionado. Tu sencillez, tu simpatía.... De hecho yo no sabía que existías. Ahora comprendo todo. Al observar a Vicente del Bosque, tu padre, en cada partido pensaba: ¿qué tiene este hombre tan sereno, profundo, inteligente, intuitivo, alegre aunque no de carcajada, que sabe tratar y querer de esa manera a sus jugadores, que lleva la derrota y la gloria con esa serenidad? Ahora lo comprendo, te tiene a ti.
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Alvaro del Bosque, uno de los hijos del seleccionador español,
fue ayer uno de los grandes protagonistas de la fiesta de celebración. Al
entrenador salmantino no le quedó más remedio que cumplir la promesa que le
había hecho hace ya muchos meses, cuando Alvaro le pidió subirse al autobús al
lado de los jugadores si España lograba el título en Sudáfrica. Además, el menor
de los tres hijos del seleccionador protagonizó uno de los momentos más
emotivos de la jornada cuando levantó
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Alvaro, un veinteañero con síndrome de Down, esperaba a su
padre a las puertas de
Del Bosque no pudo evitar emocionarse y en presencia del presidente del
presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, se fundió en un
abrazo con su hijo menor, el mismo que no tiene ningún reparo en discutirle sus
decisiones o sus alineaciones y al que el entrenador salmantino define como la
alegría de la casa.
Casillas, además, le regaló una camiseta roja de la selección con el dorsal
número 12. Después, Alvaro pudo subirse al autobús junto a los campeones del
mundo mientras éstos recorrían las calles de Madrid. Tal y como su padre le
había prometido. Alvaro no se separó de su padre, aunque compartió muchos
momentos con su ídolo Xavi.
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Carta de Andrés Aberasturi
No ha sido Iniesta con su gol, ni Iker con su beso, ni tantos otros -todos-
los que a lo largo de un mes han logrado arrancarme una sola lágrima; es verdad
que me han acelerado el pulso, me han cabreado, me han hecho feliz, han logrado
que chillara, que me quedara mudo, todo menos llorar. Hasta que llegaste tú, Álvaro
del Bosque, y dijiste a no sé qué cadena de televisión que te sentías orgulloso
de tu padre, que siempre le querías ayudar y que tu corazón estaba con él.
Fueron apenas unos segundos frente a la pantalla, los suficientes para que un
lagrimón, gordo y dulce como melocotón, cruzara la barrera de mis ojos cansados
de haber visto la tierra que no cambia. Y lo has conseguido; ya ves, Álvaro, lo
que no han conseguido ellos sobre el césped durante no sé cuántos partidos, me
las dado tú en apenas unos segundos. Ya te imaginarás que no lloré de pena sino
de emoción, de solidaridad, de entendimiento de muchas cosas. Puedes estar
contento porque lo que dijiste a la tele, lo has conseguido plenamente: a tu padre
se le entiende a través de ti, se le nota a la legua que tu ayuda ha sido
indispensable para ser la persona que es y que junto a su corazón, late el tuyo
porque los corazones no sabe de síndromes ni cromosomas.
Te escribo esta carta cuando aún no han empezado los líos de las
celebraciones oficiales y por eso no sé si tu padre, el hombre al que sin duda
tú enseñaste a ser tranquilo y a relativizar el dolor del fracaso y el fulgor
del éxito, cumplirá la promesa que te hizo de subirte al autobús de los héroes.
Si al final no ocurre, no te enfades demasiado. Vicente es así y hasta es
posible que le de vergüenza pedir para alguien suyo un trato de favor;
escondido, casi parapetado tras ese bigote tan poco galáctico, tu padre es la
personificación del hombre bueno, del viejo jugador que lo consiguió todo, del
entrenador magnifico pero que no daba bien en las fotos, del seleccionador que
ha unido a un equipo y a un país, de la persona que cada día te llevaba al
colegio de integración y firmaba paciente los autógrafos que tú habías
prometido a tus compañeros de clase. Y eso es todo Alvaro; dentro de una
semana, nadie hablará ya del Mundial, la resaca del triunfo habrá pasado y a tu
padre -imagino, que en este país nunca se sabe- le renovarán en su cargo. Cada uno
volverá a su lucha y el calor de este verano excesivo hará que todos busquemos
la sombra acogedora. No siento envidia de tu padre porque los dos sabemos que
el triunfo es efímero y porque yo -como él- también tengo otro corazón que
siempre está a mi lado.








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